OPINIÓN | Haro frente a la crisis climática: una habitabilidad incierta en un futuro abrasador

Desde que en mayo llegase la primera ola de calor, las altas temperaturas apenas nos han dado tregua. Temperaturas diurnas continuadas cercanas a los 40ºC en el valle del Ebro, seguidas de noches tropicales, nos han hecho muy difícil realizar nuestras tareas diarias. Nuestra preocupación por las olas de calor cada vez más intensas y prolongadas ha estado presente
desde que nos conformamos como grupo ecologista local. Cuando nos presentamos al público, lo hicimos con el primer informe que se ha realizado hasta el momento para analizar la adaptación de la ciudad a la crisis climática: “Haro frente a la crisis climática: propuesta para una transición verde de la ciudad”. El informe fue entregado al equipo de gobierno municipal con el
objetivo de servir de herramienta para aplicar cambios que hiciesen de Haro una ciudad más fresca y habitable. Tres años después hemos revisado con nuestros conciudadanos qué se ha hecho en este tiempo y cómo de adaptada está Haro a las cada vez más frecuentes olas de calor extremo.
Durante el paseo observamos el estado del arbolado de las aceras que aporta sombra, la anchura de las aceras y el rebaje de los bordillos en los pasos de peatones que afectan a la a la accesibilidad en la movilidad peatonal, la inclusión de la bicicleta en la señalización y en el mobiliario urbano como elemento clave en la movilidad intraurbana, y la presencia/ausencia de fuentes de agua potable que ayudan a combatir la deshidratación. Algunas participantes consideraron también relevante observar la presencia/ausencia de bancos, pues ofrecen posibilidades de descanso, importante cuando el sol aprieta. El recorrido por las principales calles de Haro nos permitió tener una buena radiografía de la ciudad y las conclusiones obtenidas no sorprendieron. Hace tres años detectamos exactamente los mismos problemas que afectan a los habitantes de la ciudad.
De forma resumida, muchísimas calles carecen de árboles que aporten sombra a las aceras, como por ejemplo calles estrechas del centro urbano, y otras muy amplias como la Avenida de La Rioja y las calles Manso de Zúñiga, Músico Mayor Miguel de la Fuente y Donantes de Sangre, entre otras. En el caso de las calles arboladas, los ejemplares lucen tamaños muy reducidos y presentan síntomas de estrés hídrico en sus hojas, como por ejemplo los árboles de la calle Ventilla. En general, las copas son ridículamente pequeñas y adquieren forma de “chupa-chups” debido a las podas abusivas e innecesarias, como puede observarse en multitud de calles como la plaza junto a la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) en la calle Manuel Bartolomé Cossío, en la calle Hermanos Paternina Cid o al inicio de la calle del Mazo. Se destaca que en prácticamente todos los casos, los reducidos alcorques tienen el terreno yermo y prensado, imposibilitando la filtración de agua a las raíces y limitando el crecimiento de los árboles.
En el caso de las aceras, éstas no lucen mucho mejor. En gran cantidad de calles su anchura es muy limitante para ir con carrito, pasear acompañado o facilitar el paso de personas con movilidad reducida. Cuando varios paseantes se cruzan en estas aceras, una o varias deben bajarse a la calzada bajo el riesgo de ser atropelladas. Este aspecto se observa principalmente en calles del centro urbano, como el primer tramo de la calle Virgen de la Vega, la mitad de la calle Santa Lucía, o prácticamente la longitud total de las calles Conde de Haro, Lucrecia Arana, Prim, Basilio Miranda, Mediodía, y un largo etcétera. Por su parte, en muchas de las calles recorridas, observamos elementos urbanos obstaculizando el paso en las aceras, como señales de tráfico, farolas, papeleras mal colocadas o contenedores que no tienen un espacio propio.
Todo esto sin contar que los bordillos están mal rebajados en multitud de pasos de peatones. Incluso a día de hoy hay bordillos sin rebajar como sucede entre las calles Calahorra, Nájera, Alfaro, Arnedo, Torrecilla en Cameros, Ezcaray y Cervera del Río Alhama. Un imposible transitar por la acera de forma segura para los vecinos del barrio que se desplazan en silla de ruedas y
que se ven obligados a hacerlo por la carretera.
La integración de la bicicleta en la ciudad es nula, pues no hay ninguna señalización de tráfico que haga alusión a este vehículo. Tampoco existen apenas aparcabicis urbanos, y los pocos que hay no son útiles ni actuales, pues no permiten aparcar bicicletas con freno de disco sin romperlo en el intento.
Respecto a las fuentes, la opinión grupal fue unánime: hay muy pocas. Muchas de ellas apenas echan un hilo de agua, en otras la presión no permite beber sin mojarte y en otras el agua no es potable. Otras directamente no tienen agua y presentan aspecto de abandono, como por ejemplo, la fuente de las Monjas.
También resultó llamativo que en muchas calles faltan bancos, y en la mayoría de casos en los que aparecen lo hacen al sol, sin arbolado que aporte sombra. Algunos ejemplos de bancos al sol los encontramos en la calle Manso de Zúñiga, en la Plaza Castañares y en Plaza de Manuel Bartolomé Cossío, aunque no hay más que darse un paseo por la ciudad para apreciar la falta
de bancos en cualquier lugar.
Por último, el gran volumen de tráfico motorizado junto al acceso de los centros escolares también fue un problema percibido por todos los asistentes, considerando que pone en riesgo a los niños y niñas y jóvenes de Haro.
La conclusión general de los participantes fue que Haro no está para nada adaptada a las olas de calor que nos esperan. Calles grises que emiten de noche el calor absorbido durante el día en lo que se conoce como “efecto isla de calor” dominan la ciudad. El diseño de nuestra ciudad sigue dedicando demasiado espacio público (alrededor del 70%) a la circulación y el estacionamiento de coches, en detrimento de los peatones que quedan relegados a caminar bajo el sol abrasador por aceras minúsculas.
Revertir esta situación es urgentemente necesaria. Necesitamos renaturalizar la ciudad: más plazas con árboles, fuentes y bancos que sean diseñadas como refugios climáticos, y más árboles de gran tamaño en las aceras para que las calles funcionen como corredores verdes favoreciendo el desplazamiento peatonal. El crecimiento de los árboles es lento y se necesita dedicar un mayor presupuesto para plantar ejemplares grandes. Por otro lado, estos no pueden aparecer únicamente en parques y medianas: se deben colocar árboles en las aceras. Para ello, resulta indispensable repartir más equitativamente el espacio público, disminuyendo la anchura de la calzada en calles amplias, reduciendo el tráfico a una sola dirección en muchas calles innecesariamente bidireccionales, ampliando las aceras con la retirada de aparcamientos y peatonalizando las calles más estrechas.
Necesitamos también pacificar el tráfico, especialmente en las zonas escolares. Hacer de las calles de acceso a los colegios plataformas únicas con velocidad limitada a 10 km/h y prioridad peatonal, así como llenarlas de bancos, fuentes y vegetación urbana, mejorarían la seguridad y salud de nuestros menores. Un buen ejemplo para aplicar estas modificaciones sería la calle del Mazo que da acceso a más de 1000 alumnas y alumnos que acuden al IES Bartolomé Cossío cada día. Este cambio mejoraría la zona aún más si además se limitase el tráfico en la calle Manuel Bartolomé Cossío a únicamente autobuses escolares y personal del centro. Estas medidas harían de esta zona escolar un verdadero oasis para nuestros adolescentes, favoreciendo que pasen ahí sus ratos libres y no se viesen obligados a acudir al bar más cercano en busca de aire fresco.
Renaturalizar la ciudad no es solo una acción de adaptación al contexto climático actual. Es también un acto de justicia social. El urbanismo que favorece el desplazamiento a pie está integrando a personas menores de edad, personas de edad avanzada, y personas de baja renta, entre otras. Del mismo modo, acondicionar las plazas y las calles con árboles de grandes copas, fuentes y bancos están favoreciendo que no solo aquellas personas que puedan permitirse una vivienda bien aislada o un aparato de aire acondicionado puedan desarrollar su vida en condiciones térmicas saludables, si no que puedan hacerlo todos los habitantes de Haro.
Ecologistas en Acción estamos esperando respuesta a la solicitud de reunión que hemos realizado al equipo de gobierno local para trasladarle las necesidades de los vecinos y vecinas de Haro. Sabemos que son conscientes del problema, pues a última hora han tenido que cambiar la ubicación de varios eventos estas fiestas por fuerte insolación. Por nuestra parte, seguiremos colaborando voluntariamente por el bien común y por tener calidad de vida en la ciudad».
