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●El Anacoreta de los Riscos●
En lo alto de los riscos, donde el Ebro se hace guía,
moraba un alma pura con fe y con valentía.
Felices de Bilibio, que el mundo abandonó,
en la roca y el silencio su refugio encontró.
Vigilante de las Conchas, orando en la altitud,
fue luz para los hombres con su inmensa virtud.
Hasta sus pies llegó Millán, buscando su consejo,
y el maestro fue del santo un claro y fiel espejo.
Siglos pasan por la ermita, mas su estela sigue viva,
en el vino de la tierra y la brisa que deriva.
Patrón de la jarrera ciudad, noble y señera,
su paz desde el castillo la Rioja entera espera.
¡Oh, anacoreta santo! Que en la piedra hiciste nido,
tu nombre en los viñedos jamás será olvidado.
Desde el risco nos cuidas, en tu calma infinita,
mientras Haro te reza subiendo a tu ermita.